Archivado en: mi vida
Me he cambiado de sitio, algunos es posible que no noteis cambios. Otros sí.
Ahora estoy en http://josemanuel.garciaheras.com/blog
Por desgracia… allí se han perdido los comentarios de todos aquellos que me habeis escribo. Igualmente, aqui seguirán existiendo esos comentarios
Archivado en: rastros
Esta noche volví a soñar contigo… Que extraño verdad? tú, intentando rehacer tu vida. Buscando nuevamente a tu hombre ideal. Yo, buscando al hombre que debería haber dentro de mi cuerpo. Y sin embargo, esta noche, volviste en sueños a mis sábanas y me hiciste el amor como antes. Dejando entrar un pequeño rayo de luz por la persiana; suficiente para teñir nuestros cuerpos de gris azulado.
Me abandonaste por la mañana, justo cuando sonó el despertador, justo cuando abrí los ojos. No estabas allí. Mi cama era demasiado pequeña, y mi sueño terminó así… con una mezcla entre la felicidad y la desesperación. Con una sonrisa hacia mi ventana.
Esta mañana he decidido que debo aprender a coser, que mi herida es demasiado grande y no cura. Mi corazón está enfermo desde ahora hasta mi adoslescencia… y todo eso, debe cicatrizar.
Un beso.
Archivado en: blogcafé
Por problemas laborales, “blogcafé” lo he dejado parado nada mas empezar. Espero que pronto se pueda reaundar esa categoría. Mientras tanto, os dejo con un texto que leí hace poco y que me parece bastante curioso.
Me gustan los catalanes porque a lo largo de su historia
acogieron e integraron a íberos, fenicios, cartagineses,
griegos, romanos, judíos, árabes y toda clase de charnegos y
sudacas, sin conocer los problemas que afectan ahora a Francia;
es un ejemplo.
Me gustan los catalanes porque ya el 7 de abril de 1249 (uno
va hacia Matusalén) el rey Jaime I nombró a cuatro prohombres de
Barcelona (los paers) para dirimir los conflictos de la ciudad
sin violencias ni reyertas. Esos hombres sabios, que pasaron a
cien en 1265, (el Consell de Cent), iniciaron el sistema del
gobierno municipal de Barcelona. Gracias a
ellos reinó allí la concordia, y antes de empuñar las armas
prefirieron siempre emplear la razón.
Me gustan los catalanes porque en toda su historia no han
ganado ni una sola guerra, y encima les da por conmemorar como
fiesta nacional una de las batallas que perdieron en 1714 a
manos de las tropas de Felipe V de Borbón. Cataluña había
dejado de ser una nación soberana. Desde entonces, cada 11 de
septiembre muchos catalanes y catalanas, como hay que decir
ahora, se manifiestan para reclamar sus libertades.
Me gustan las catalanas porque una de ellas, joven y bien
plantada por cierto, no vaciló en pegarse a mi espalda durante
cuatro días en el asiento trasero de una Vespa cuando recorrí
la península en pos de Prisciliano.
Me gustan los catalanes porque tienen de emblema un burro
tenaz, trabajador y reflexivo, muy alejado del toro ibérico
cuyas bravas y ciegas embestidas lo abocan a la muerte. Estos
animales son de una raza registrada, protegida, y prolíferos
sementales. Al igual que el cava, se exportan a numerosos
países para mejorar la especie autóctona, como a
Estados Unidos, donde crearon el Kentucky-catalan donkey . Y
allí no piensan, ni mucho menos, en boicotearlos.
Cierto es que en el carácter catalán confluyen las virtudes del
asno. Pero los rasgos diferenciales no se limitan a los de este
cuadrúpedo. La población catalana se define por una doble
característica : el seny y la rauxa . El seny implica
sabiduría, juicio mesurado y sentido común. Tenía seny aquel
catalán que iba en un compartimiento de un tren al lado de la
ventanilla. Tiritaban de frío y los otros pasajeros le pidieron
que la subiera: «Es igual», contestó a varias solicitudes,
hasta que un mesetero se levantó furioso y alzó la
ventanilla… ¡cuyo cristal estaba roto! «Es igual», volvió a
repetir el buen hombre con toda su santa cachaza.
Al seny le responde la rauxa , asimilable a la ocurrencia
caprichosa, la boutade (frase ingeniosa y absurda). Cuando de
joven y surrealista Dalí iba en el metro y veía a un cura con
sotana, le decía: «Siéntese, señora».
La alianza de estas dos facetas en un solo individuo forma el
carácter catalán, que se comunica, se comparte y se aprecia. El
otro día al regresar a París en avión desde Barcelona quise
ayudarle a un pasajero, dada la exigüidad del espacio, a
ponerse el abrigo: «No, por favor, no se moleste, que bastante
trabajo me cuesta a mí sólo». Pero lo más refinado
lo percibí en el taller del ceramista Artigas. Él y Joan Miró
estaban trabajando en el mural del aeropuerto de Barcelona. Le
pedí a Miró que le dedicara una lito a mis hijos. Puso: «Para
Manu y Antoine afectuosament».
Cuando la vio Artigas hizo este parco comentario: «Te lo
escribió en catalán para ahorrarse una letra».
Me gusta Cataluña porque allí, según Arcadi Espada, don Quijote
recobró la razón, sin duda contagiado por el seny . Me hubiera
dado mucha pena que el Ingenioso caballero muriera loco.
Me gusta Cataluña en fin y sobre todo porque uno de mis hijos
eligió su capital para vivir en ella por ser una ciudad
abierta, tolerante y discreta.
Ramón Chao
Músico, escritor y periodista, Padre del cantante Manu Chao y
Caballero de las Artes y las letras por el gobierno francés.
Artículo aparecido en La Voz de Galicia.


